Cifras, refugiados y el precio de la libertad.

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La semana pasada ha sido una semana de vacaciones por el Año Nuevo Chino, este año el del mono y hemos estado unos días sacudiéndonos la nieve en Filipinas. Ya os contaré algo del viaje más adelante, pero lo que me apetece compartir hoy es algo más bien diferente.

Mientras estaba en ese limbo de aviones, transfers, etc… y en el escaso rato de mente en blanco que te pueden dejar dos niños bien activos, pensé bastante en toda esta gente que entra en movimiento en tan pocos días. Cerca de 300 millones de chinos que viven lejos de su lugar de nacimiento, han hecho el viaje de vuelta a casa para visitar a sus familias. Se mire como se mire es una cifra descomunal, y uno no puede obviar el hecho de que hagan lo que hagan los chinos afecta al orden mundial. Después de eso, como en una novela de mi admirado Juan Jose Millás, acabe recordando las escalofriantes cifras que había leído hacía unos días en la prensa sobre la crisis humanitaria siria y  los niños refugiados en nuestra querida Europa:

Cuatro años de guerra civil en Siria han provocado unos 250.000 muertos y el desplazamiento interno de 13,5 millones de personas (más de la mitad de los 20 millones que vivían en Siria al comenzar la guerra). Otros 4,2 millones de sirios se encuentran refugiados en los países vecinos. La comunidad internacional estima que se necesitan cerca de 11.000 millones de euros para responder a la crisis humanitaria siria este año. La Oficina Europea de Policía (Europol) estima, según sus previsiones más conservadoras, que al menos 10.000 niños refugiados han desaparecido nada más llegar a Europa. 

Inevitablemente acabé presa de una especie de angustia en las nubes al recordar la charla a la que había acudido el martes en la asociación americana de Seul, donde 3 refugiados  norcoreanos nos contaron varias cosas sobre su vida allí, su salida del país y su presente en Corea del Sur.  Ya había acudido a más actos, leído libros y artículos sobre el tema, y hasta me atreví a escribir un post sobre Corea del Norte en el blog, pero esta vez tuve la oportunidad de hablar unos pocos minutos con algunos de ellos y todo fue muy diferente.  Fue lo suficiente para dejar en mi ese poso cruel que te hace sentir miserable mientras preparas maletas con biquinis y les compras a tus hijos tonterías que no necesitan, todas esas cosas que te parecen dadas ,que apenas valoras y que han venido con poco esfuerzo, en gran parte gracias a haber nacido en el lugar adecuado. 

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